Una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana

Una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana.

Después del pequeño —pero ruidoso— éxito de la antología Dictadura de Vapor, me quedé con una sensación muy clara: esto apenas estaba empezando. Y sí, lo que vino después fue meterme de lleno en otro proyecto steampunk, pero esta vez con más ambición, más riesgo… y definitivamente más terquedad.

Hace ya diez años, en 2016, mi buen amigo Abraham Martínez, mejor conocido como Cuervoscuro, tuvo la idea de armar una antología de cómics steampunk ambientados en el Porfiriato. Me invitó a participar escribiendo un guión de unas 8 páginas. El proyecto se llamó Dictadura de Vapor. Antología steampunk del Porfiriato.

Éramos 10 autores. La lógica era simple y brutalmente honesta: autopublicar, dividir el costo de impresión entre todos y repartir los 1000 ejemplares en partes iguales. Cien libros por cabeza. Sin intermediarios, sin permisos, sin pedirle nada a nadie.

A mí me pareció una gran idea. No solo por la velocidad con la que podíamos levantar algo potente, sino porque yo siempre he creído en la autopublicación. No como discurso bonito, sino como práctica constante. Toda mi carrera está construida así: haciéndolo, equivocándome, volviéndolo a hacer. Autopublicándome.

Además, había algo estratégico: cada autor estaba en una parte distinta del país. Eso significaba una red de distribución orgánica, casi artesanal. Cada quien movía sus libros donde podía, como podía. Así, sin glamour, pero con resultados.

El proyecto avanzó bien bajo la batuta de Abraham, aunque no sin tropiezos. El portadista original abandonó el barco a medio camino —porque claro, siempre pasa algo—, y después de ponernos de acuerdo, mi amigo Tebin entró al quite y resolvió la portada que hoy todos conocen. Y sí, la resolvió con estilo.

Publicamos la obra en octubre de 2016. En seguida de eso, Tebin se integró formalmente a Nostromo Ediciones.

Lanzamos el libro en la Feria del Libro del Zócalo 2016 y, como Nostromo Ediciones tenía a tres de los autores dentro del proyecto, terminamos con 300 ejemplares en nuestras manos. ¿Qué pasó con esos libros? Se fueron. Rápido. Muy rápido.

Para 2017 ya era evidente: Dictadura de Vapor había conectado. La recepción fue mucho mejor de lo que esperábamos. Algunos autores nos mandaron sus ejemplares para ayudarles a venderlos, a otros se los compramos directamente, y entre una cosa y otra, terminamos moviendo casi la mitad del tiraje.

Pero lo más importante no fueron las ventas.

Fueron las preguntas.

La gente quería más.
Y en particular, querían saber más de Palacios en el Cielo.

Ahí empezó el problema.

Porque en ese momento yo ya estaba metido hasta el cuello en otros proyectos: Sueños rotos: Sofía y Cuervo eléctrico… y la realidad es que no podía abrir otro frente. No sin romper algo.

Pero la idea ya estaba sembrada.

Y cuando una idea así se queda contigo, no se va. Se transforma. Crece. Se vuelve incómoda.

Así que hablé con Tebin. Le propuse algo: hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana, más corta, más contenida, pero ubicada en ese mismo universo. En ese momento dijo que sí.

Y entonces me puse a escribir.

El proyecto se llamó Palacios en el Cielo: Corazón.

Sí, el nombre ya lo decía todo: quería hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana. No solo en el contexto histórico, sino en lo emocional, en lo humano, en lo que se rompe cuando todo alrededor está a punto de colapsar.

La cuadrícula general del proyecto.

La historia giraba en torno a Renata y su hermano, contrabandistas, llevando la pieza clave para derribar la ciudad flotante. Afuera, los ejércitos de Villa y Zapata sitiaban la ciudad. Adentro, una operación secreta para activar un gólem mecánico en el corazón del sistema.

Una locura hermosa.

Aquí está el draft original que le compartí a Tebin:

Acto I
Se presenta el contexto general: se aborda la dictadura, el inicio de la Revolución y cómo la batalla final está a punto de ocurrir en la Ciudad de los Palacios.
Renata viaja en tren junto a su hermano. Ambos son contrabandistas y transportan la pieza final necesaria para derribar la ciudad. Al llegar a la última estación, abordarán un dirigible que los llevará al interior de la ciudad. Durante el trayecto, Renata recuerda su vida antes de la Revolución y los acuerdos que su padre hizo tanto con los revolucionarios como con el gobierno federal para mantener a su familia a salvo.

Acto II
Renata llega a la ciudad en el dirigible. Todo es un caos: va tarde, pero debe alcanzar el punto de encuentro, una fuente ubicada en el centro, donde se reunirá con su novio, Chucho, un ingeniero que ha estado preparando todo para activar al gólem. Renata trae consigo la pieza final. El gólem está siendo ensamblado en una casa de la familia de Renata, también en el centro. Hay un ambiente de gran tensión; varios revolucionarios infiltrados brindan su apoyo y serán clave para ejecutar el plan de destrucción de la ciudad.
Este acto concluye con el despertar del gólem.

Acto III
El gólem despierta y queda libre. Su objetivo es dirigirse a una oficina que da acceso a la zona subterránea de máquinas, con el fin de destruirla y provocar el colapso de la ciudad. Al inicio, será escoltado por los revolucionarios que acompañan a Chucho y Renata. La ciudad comienza a perder altura y, desde las orillas del lago, se lanzan arpones para arrastrarla hacia tierra firme, donde los revolucionarios iniciarán el abordaje, tanto a caballo como a bordo de máquinas tipo “araña”.
Finalmente, Ray y Renata se reencuentran, y a lo lejos alcanzan a ver cómo Díaz escapa en un dirigible.

El draft original y su desarrollo general.

Además de este draft, hice el desarrollo de los actos en las 43 páginas de arte que conformarían este proyecto, sin embargo, por cuestiones de la apretada agenda que teníamos en ese momento no logramos avanzar más este proyecto. Las ideas ahí estaban pero no logramos hacer los tiempos coincidir. Decidimos pausarlo y trabajar en algo mucho más ligero.

Había dirigibles, trenes, conspiraciones, máquinas imposibles… pero en el centro de todo, personas tratando de sobrevivir y de decidir de qué lado de la historia querían estar.

Eso era lo importante.

Eso sigue siendo lo importante.

Desarrollé el guión, estructuré los actos, hice thumbnails, bajé todo a páginas. El proyecto estaba listo para arrancar. Pero la realidad —esa vieja conocida— se atravesó. Las agendas no coincidieron. El tiempo no alcanzó. Y lo que parecía inevitable, se detuvo.

Lo pausamos.

Y luego… se quedó en pausa demasiado tiempo.

Durante años, esa novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana no latió. Se quedó ahí, congelada en archivos, en carpetas, en “luego lo retomamos”.

Y sí, pasa. A todos nos pasa. Tener ideas no es el problema. Todo el mundo tiene ideas. Lo difícil es sostenerlas el tiempo suficiente como para convertirlas en algo real.

Los cómics no viven de intenciones.

Viven de trabajo.

Años después, encontré la forma de volver. Pero ya no era el mismo proyecto. Ya no podía serlo. Había crecido demasiado.

Hoy, Palacios en el Cielo es otra cosa. Esa novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana que me ha tomado años construir, ya supera las 300 páginas y está escrita y dibujada completamente por mi.

Y ahora sí: voy en serio.

La meta es clara: publicarla este año y llevarla a la Feria del Libro de Guadalajara.

No como promesa. Como realidad.

Voy a usar este espacio para compartir avances reales: lo que funciona, lo que no, lo que duele, lo que emociona. Porque hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana no es solo sentarse a dibujar. Es sostener una idea durante años sin soltarla, incluso cuando parece que no va a ningún lado.

Si te interesa ver cómo se construye algo así, desde adentro, sin maquillaje… este es el lugar.

Nos leemos pronto.

Resistir es existir.

— Héctor Santarriaga
Abril 2026