Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica: la historia del concurso nacional de cómic independiente

Hay cajas que pesan más que otras.

No porque contengan más libros. Pesan por todo lo que representan.

Todavía puedo recordar la sala de Logan Wayne aquella noche del martes 23 de abril de 2019. El piso había desaparecido bajo decenas de paquetes recién salidos de imprenta. Acabábamos de recibir los ejemplares de Niño Terror: ¡Vacaciones nunca más!, la primera antología publicada completamente bajo el sello de Pura Pinche Fortaleza Cómics.

Durante un buen rato estuvimos cargando cajas y paquetes, acomodándolas contra las paredes y haciendo espacio para poder caminar. Después encendimos una cámara e hicimos una transmisión en vivo por Facebook. Abrimos los paquetes frente a nuestros lectores, mostramos el libro por primera vez y compartimos esa emoción que solamente conocen quienes han esperado durante meses la llegada de una imprenta.

Cuando terminó la transmisión, apagamos las luces del celular y por fin nos sentamos.

Estábamos cansados.

Muy cansados.

Pero también felices.

La sensación era extraña. Durante meses habíamos trabajado para que ese libro existiera y, de pronto, ahí estaba. Podíamos tocarlo. Oler la tinta. Revisar los acabados. Pasar las páginas una por una buscando cualquier detalle que se nos hubiera escapado durante la producción.

Por unos minutos ninguno dijo gran cosa.

Simplemente contemplábamos los libros.

Entonces rompí el silencio.

—¿Y si hacemos un concurso de novela gráfica nosotros?

Logan levantó la vista desde el comedor, donde estaba sentado. Me miró con esa expresión que mezcla sorpresa y desconfianza. No recuerdo que respondiera de inmediato. Creo que primero intentó averiguar si hablaba en serio o si era una de esas ideas que aparecen cuando el cansancio empieza a hacer de las suyas.

Y, siendo honesto, la propuesta sonaba completamente absurda.

Pura Pinche Fortaleza Cómics apenas estaba dando sus primeros pasos. Habíamos presentado el sello editorial apenas unos meses antes, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2018. Éramos una editorial independiente que todavía estaba aprendiendo a caminar. Íbamos descubriendo sobre la marcha cómo producir libros, cómo organizar presentaciones, cómo montar un stand, cómo sobrevivir de feria en feria y cómo convencer a los lectores de que el cómic mexicano tenía muchísimo más que ofrecer de lo que normalmente encontraban en los aparadores.

Presentando el sello editorial Pura Pinche Fortaleza Cómics en FIL 2018

No teníamos una estructura enorme.

No teníamos recursos ilimitados.

No teníamos patrocinadores.

Lo único que teníamos era una enorme cantidad de trabajo y unas ganas casi irresponsables de seguir construyendo cosas.

Mirándolo en retrospectiva, creo que así comenzó buena parte de nuestra historia.

Nunca esperamos a sentirnos preparados.

Simplemente empezábamos.

Peloteamos la idea durante un rato.

Hablamos de jueces, de convocatorias, de impresión, de dinero… sobre todo de dinero. Muy pronto nos dimos cuenta de que organizar un concurso nacional de novela gráfica estaba muy por encima de nuestras posibilidades. La conversación terminó igual que había comenzado: entre dudas, risas y una larga lista de preguntas sin respuesta.

Tebin, Héctor Santarriaga y Logan Wayne de Pura Pinche Fortaleza Cómics en 2019.

Era abril de 2019.

Si alguien me hubiera dicho esa noche que esa conversación terminaría convirtiéndose en uno de los concursos de narrativa gráfica mexicana más importantes del país, probablemente me habría reído.

Porque, en realidad, la historia del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica no comenzó aquella noche.

Comenzó casi un año antes.

Y, curiosamente, también empezó con cajas de libros.

 

I. El robo.

Era mayo de 2018 y participábamos en CONQUE, una convención de cómics que ese año se celebró en Querétaro.

Tebin y yo, como parte de Nostromo Ediciones habíamos viajado juntos para participar como expositores. Cada uno tendría su propia mesa para vender sus libros, saludar lectores y presentar su trabajo. Logan Wayne llegaría unas horas después por su cuenta. Todo estaba listo para comenzar.

O al menos eso creíamos.

El día anterior a la inauguración dejamos el automóvil de Tebin en el estacionamiento del recinto mientras entrábamos a montar nuestras mesas.

Cuando regresamos, alguien había abierto el coche.

Se habían llevado prácticamente todo.

Libros.

Maletas.

Material de trabajo.

Ropa.

Objetos personales.

Recuerdo perfectamente esa sensación de incredulidad. Caminábamos alrededor del automóvil esperando descubrir que aquello era un error, que las cosas aparecerían en algún rincón del estacionamiento. No ocurrió.

No había otra opción.

Regresamos en cuanto pudimos a la Ciudad de México.

Conseguimos más ejemplares.

Compramos lo indispensable para poder trabajar durante el evento.

Volvimos a cargar el coche.

Y emprendimos otra vez el camino hacia Querétaro.

Llegamos alrededor de las cuatro de la mañana del viernes 4 de mayo.

La convención abría sus puertas a las diez.

Dormimos apenas tres horas.

A las diez de la mañana, cada uno de nosotros ya estaba detrás de su respectiva mesa, intentando que nadie imaginara el desastre que habíamos vivido apenas unas horas antes.

Lo curioso es que ese robo nunca terminó definiendo aquel viaje.

Con el paso del tiempo, recuerdo mucho más lo que ocurrió esa misma noche.

Porque, sin saberlo, fue ahí donde realmente comenzó la historia del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica.

 

II. La pregunta.

Hay días que uno recuerda por el problema que tuvo.

Y hay otros que terminan siendo inolvidables por una conversación.

La primera noche de CONQUE pudo haber quedado marcada únicamente por el robo de nuestros libros.

Teníamos razones suficientes para dar por perdido el viaje. El cansancio seguía acumulándose. Dormimos apenas unas horas, trabajamos toda la jornada intentando mantener el ánimo y, cuando por fin terminó el primer día de actividades, lo único que queríamos era sentarnos un rato.

Logan y yo propusimos ir a cenar.

Había un restaurante de espadas brasileñas muy cerca del recinto y, si soy completamente honesto, tampoco necesitábamos demasiado pretexto para terminar en un lugar así. Quienes nos conocen saben que, durante varios años, cualquier ciudad que visitábamos era una buena excusa para buscar uno.

Aquella noche la mesa fue creciendo poco a poco.

Éramos más de diez personas entre colegas, amigos, lectores y familiares. En uno de los extremos de la mesa nos sentamos Logan Wayne, Armando Montes de Santiago, Alejandra Romero, que también nos acompañaba durante el viaje y yo. Del otro lado estaban Edgar Clement con varios amigos y lectores, inmersos en sus propias conversaciones.

El restaurante estaba lleno.

Había ruido por todas partes.

Meseros entrando y saliendo con enormes espadas de picaña, sirloin y costillas.

El ambiente era exactamente el que necesitábamos después del desastre del día anterior.

Entre un corte y otro comenzamos a hablar de eventos de cómic.

De las ferias del libro.

De las convenciones que nos gustaban y de las que sentíamos que todavía podían crecer.

En algún momento la conversación llegó a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Apenas unos meses antes habíamos participado en la primera edición del Salón del Cómic + Novela Gráfica y la experiencia había sido extraordinaria. Por primera vez sentíamos que gracias a Armando Montes de Santiago, el cómic mexicano ocupaba un espacio importante dentro de la feria del libro más grande del mundo en español.

Entonces dije una frase que parecía completamente inocente.

—La FIL debería hacer un concurso de novela gráfica. ¿Por qué no hacen uno?

Armando sonrió.

Nos volteamos a ver.

Todos estuvimos de acuerdo.

Sí.

Sería increíble.

Un concurso nacional.

Una convocatoria abierta.

Una oportunidad para descubrir nuevas voces de la narrativa gráfica mexicana.

Pero una cosa era desearlo y otra muy distinta hacerlo realidad.

Armando nos explicó que poner en marcha un proyecto así no era sencillo. Había muchos factores involucrados y no dependía únicamente de una persona.

La conversación siguió su curso.

Nadie dijo que fuera imposible.

Nadie descartó la idea.

Simplemente quedó flotando sobre la mesa, como tantas otras conversaciones que nacen entre amigos y que parecen destinadas a quedarse solamente ahí.

Hoy pienso mucho en ese momento.

Porque es muy fácil acostumbrarnos a esperar que alguien más haga las cosas.

Que alguien organice el evento.

Que alguien publique el libro.

Que alguien abra la convocatoria.

Que alguien construya el espacio que sentimos que hace falta.

Aquella noche nosotros también estábamos esperando.

Esperando que la FIL hiciera un concurso de novela gráfica.

Lo que todavía no sabíamos era que, menos de un año después, dejaríamos de esperar.

Y decidiríamos construirlo nosotros.

Durante mucho tiempo pensé que el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica había nacido en abril de 2019, en la sala de Logan, entre cómics recién salidos de imprenta.

Hoy creo que estaba equivocado.

La semilla se sembró aquella noche en Querétaro.

No hubo discursos.

No hubo acuerdos.

No hubo un plan de trabajo.

Solamente hubo una conversación sincera entre personas, entre amigos que compartían la misma preocupación por el futuro del cómic mexicano.

A veces las ideas más importantes comienzan exactamente así.

No con certezas.

Sino con una pregunta que alguien se atreve a decir en voz alta.

 

III. El día que dejamos de esperar

Pasó casi un año.

La idea seguía apareciendo de vez en cuando en nuestras conversaciones, pero la realidad era mucho más urgente.

Pura Pinche Fortaleza Cómics acababa de nacer y cada semana representaba un nuevo reto. Había libros por producir, eventos por atender y una editorial independiente que intentaba abrirse paso en un terreno donde casi todo había que aprenderlo sobre la marcha.

Para finales de abril de 2019 participamos por primera vez en la Feria Nacional del Libro de León.

Como ocurre siempre, el trabajo comenzó un día antes de que la feria abriera sus puertas.

Había que descargar cajas.

Levantar el stand.

Acomodar libros.

Resolver los últimos detalles para que, al día siguiente, todo estuviera listo cuando llegaran los primeros lectores.

Cuando terminamos, el pasillo seguía vacío.

La feria aún no comenzaba.

Nuestro pequeño espacio estaba listo.

Y quizá por eso era el momento perfecto para tomar una decisión.

Salimos a cenar.

Otra vez terminamos en un restaurante de espadas brasileñas.

Otra vez el ruido de los platos, las conversaciones y los meseros llenaba el ambiente.

Otra vez la carne seguía llegando a la mesa mientras hablábamos de proyectos.

Hay quien dice que las mejores ideas nacen en una oficina.

Las nuestras, al parecer, siempre nacían alrededor de una mesa.

Esta vez la conversación ya no giró alrededor de lo que alguien más podía hacer.

La pregunta había cambiado.

—¿Y si hacemos el concurso nosotros?

Esta vez nadie se rió.

Porque, aunque seguía pareciendo una locura, ya no sonaba imposible.

 

IV. Convencer a otros de creer

Aquella cena en León terminó de una forma muy distinta a la de Querétaro.

Ya no estábamos imaginando un concurso.

Estábamos tratando de descubrir cómo hacerlo posible.

Las ideas comenzaron a aparecer una detrás de otra.

¿Quién podría ser jurado?

¿Cuándo abriríamos la convocatoria?

¿Cómo seleccionaríamos las obras?

¿Cómo sería la ceremonia de premiación?

Y, por supuesto, apareció la pregunta inevitable.

—¿Y el dinero?

Hubo unos segundos de silencio.

Organizar un concurso nacional de novela gráfica implicaba imprimir un libro completo. Para una editorial independiente como la nuestra, aquello representaba un esfuerzo enorme.

—Pues habrá que conseguir un patrocinador.

Volteamos a ver a Alejandra Romero.

Ella había trabajado durante años en Editorial Televisa y conocía perfectamente el mundo editorial.

—¿Y si hablamos con SMASH?

Nos reímos.

Pero mientras más lo pensábamos, menos descabellada parecía la idea.

La cena terminó con un brindis.

Tequila derecho.

Después de un auténtico atracón de carne.

Recuerdo perfectamente ese momento porque, aunque no firmamos ningún documento ni hicimos ningún acuerdo formal, todos sabíamos que acabábamos de comprometernos con algo que todavía no alcanzábamos a dimensionar.

Antes de levantarnos de la mesa hicimos el primer trato.

Al día siguiente llamaríamos a Armando Montes de Santiago.

Si la FIL Guadalajara quería sumarse, nosotros estábamos listos para comenzar.

La respuesta llegó mucho más rápido de lo que esperábamos.

Armando no solamente recibió la propuesta con entusiasmo.

Quiso formar parte de ella.

Desde el principio entendió que el concurso podía convertirse en una oportunidad para descubrir nuevas voces dentro del cómic mexicano y la narrativa gráfica mexicana.

Gracias a su apoyo, la ceremonia de premiación encontró un hogar en el Foro Rius, dentro del Salón del Cómic + Novela Gráfica de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Con el paso de los años, esa alianza terminaría convirtiéndose en una de las columnas que sostienen al Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica.

Y todavía faltaba una pieza.

Durante once años trabajé en Editorial Televisa, principalmente en el área de revistas infantiles.

Para entonces ya llevaba cinco años fuera de la empresa, pero seguía conservando contacto con varios colegas, grandes amistades y muchas personas con las que seguía en contacto y estaban muy cerca. Entre ellas estaba Alejandra Romero.

Gracias a ese vínculo nos acercamos a SMASH, el sello editorial que en ese momento publicaba en México los cómics de DC Comics y Marvel Comics.

La respuesta volvió a sorprendernos.

Aceptaron.

SMASH se convirtió en el patrocinador de la impresión del primer libro ganador.

De pronto, aquello que unos días antes parecía una locura comenzaba a tomar forma.

Ya teníamos una sede.

Ya teníamos un aliado.

Ya teníamos una forma de imprimir la obra campeona.

Ahora solamente faltaba una cosa.

Que existieran autores dispuestos a confiar en nosotros.

 

V. La noche en que nació la convocatoria.

La convocatoria no apareció por generación espontánea.

Nació exactamente igual que nacen muchas cosas en una editorial independiente.

Con café, con cansancio y con una pizza sobre la mesa nos reunimos en mi casa.

Sabíamos qué queríamos lograr.

Lo que todavía no sabíamos era cómo convertir esa intención en reglas claras.

Pasamos horas discutiendo cada punto.

Cada requisito.

Cada fecha.

Cada detalle.

Queríamos construir un concurso serio.

Uno que tratara con respeto el trabajo de los autores.

Uno que realmente pudiera convertirse en una plataforma para el cómic mexicano.

Sin darnos cuenta se hizo de noche.

Seguimos escribiendo.

Corrigiendo.

Debatiendo.

Cuando terminamos el primer borrador ya eran más de las tres de la mañana.

Estábamos agotados.

Pero también teníamos la sensación de haber construido algo importante.

Pocos días después, el 21 de mayo de 2019, encendimos una cámara e hicimos una transmisión en vivo por Facebook.

Leímos punto por punto la convocatoria del primer Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica.

Presentamos también el concurso en MVS Radio en el programa Charros VS Gangsters

Recuerdo perfectamente la mezcla de emoción y nervios.

Porque hasta ese momento todo dependía de nosotros.

A partir de ese instante, el concurso dependería de los autores.

No teníamos idea de cuántas personas participarían.

Pensábamos que probablemente recibiríamos obras de amigos, colegas y autores que ya conocíamos.

Nada nos preparó para lo que ocurrió después.

Porque los primeros correos comenzaron a llegar.

Y con ellos descubrimos algo que cambiaría para siempre la manera en que entendíamos el cómic mexicano.

 

VI. Había más gente haciendo cómic de la que imaginábamos.

Hay una imagen que nunca voy a olvidar.

No es una ceremonia de premiación.

No es una fotografía con los campeones.

Ni siquiera es la publicación del primer libro.

Es un correo electrónico.

Porque cuando publicamos la convocatoria ocurrió algo que jamás vimos venir.

Los proyectos comenzaron a llegar.

Al principio eran pocos. Cada vez que aparecía una nueva participación en el correo de la editorial, alguno de nosotros la abría con la misma curiosidad. No para descubrir quién estaba detrás de ella. De hecho, no podíamos saberlo.

Desde la primera edición decidimos que todas las obras participarían bajo un seudónimo. La identidad de sus autores queda resguardada en una plica independiente que permanece cerrada durante todo el proceso de evaluación. Los jueces tampoco conocen los nombres de quienes participan. Frente a ellos solamente hay novelas gráficas.

Nada más.

La plica únicamente se abre cuando la obra ganadora ha sido elegida.

Primero nace un campeón. Después conocemos su nombre.

Queríamos que el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica se decidiera exactamente como debe decidirse un concurso de novela gráfica: por la calidad de la obra, nunca por el prestigio, los contactos o la trayectoria de quien la firma.

Así que, cada vez que llegaba una nueva participación, lo único que sabíamos era que alguien, en algún lugar de México, había dedicado meses o quizá años de su vida a construir esa historia.

Durante los primeros días todavía alcanzábamos a comentar cada proyecto.

Después dejamos de hacerlo.

Los correos seguían llegando.

Y siguieron llegando.

Hasta que un día entendimos algo que nunca habíamos imaginado.

Había muchísima más gente haciendo cómic mexicano de la que conocíamos.

Durante años recorrimos convenciones, ferias del libro y festivales especializados. Pensábamos que conocíamos buena parte de la comunidad.

La ceremonia del primer Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica 2019 en el Foro Rius.

Estábamos equivocados.

La convocatoria comenzó a revelarnos un mapa completamente distinto.

Empezaron a aparecer propuestas de estados donde nunca habíamos presentado un libro.

Personas que llevaban años trabajando en silencio.

Historias que no se parecían a nada de lo que habíamos leído antes.

De pronto comprendimos que el cómic mexicano era mucho más grande que el pequeño círculo que solíamos encontrar en los eventos.

Simplemente no lo estábamos viendo.

Con el paso de las ediciones esa sensación no ha hecho más que crecer.

Hoy, después de siete convocatorias, cerca de cuatrocientas novelas gráficas han participado en el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica.

Cuatrocientas.

Es una cifra que todavía me cuesta dimensionar.

Porque detrás de cada una hay meses o años de trabajo.

Hay alguien que decidió empezar una historia sin tener ninguna garantía de que algún día sería publicada.

Muchas de esas obras fueron creadas específicamente para participar en el concurso.

Eso significa que el Premio no solamente reconoce novelas gráficas.

También provoca que existan.

Y esa diferencia me parece enorme.

Con frecuencia alguien me pregunta si no resulta frustrante que solamente una obra sea ganadora cada año.

La respuesta es no.

Porque el verdadero éxito del Premio nunca ha dependido únicamente de la obra ganadora.

Está en todas las demás.

En las novelas gráficas que siguieron creciendo después de no haber sido seleccionadas.

En los autores que decidieron autopublicarlas.

En quienes corrigieron su proyecto y lo llevaron a otro lado.

En quienes llevaron su obra a otros concursos y los ganaron.

En quienes comenzaron una segunda obra.

O una tercera.

O una cuarta.

Hay una cláusula dentro de nuestra convocatoria que casi nadie comenta.

En ella establecimos que, si una obra no campeona despertaba el interés editorial de Pura Pinche Fortaleza Cómics, podríamos abrir su plica para contactar a sus autores y explorar la posibilidad de publicarla.

La escribimos desde la primera edición.

No porque tuviéramos los recursos para publicar decenas de novelas gráficas.

Sino porque queríamos dejar abierta esa puerta.

Porque un jurado elige una obra.

Pero el talento nunca cabe en un solo premio.

Durante años esa cláusula permaneció esperando.

Hasta que finalmente ocurrió.

En 2023 La Playa llegó como una de las obras finalistas del concurso. No obtuvo ganó el concurso, pero sí encontró lectores ya que un año después tuvimos el privilegio de publicarla nosotros mismos bajo nuestro sello editorial.

Cada vez que pienso en esa decisión recuerdo por qué escribimos aquella cláusula desde el principio.

Nunca quisimos construir un muro.

Siempre quisimos construir una puerta.

Quizá esa ha sido la mayor enseñanza que me ha dejado el Premio.

Creíamos que estábamos organizando un concurso.

En realidad, estábamos tomando el pulso del cómic mexicano.

Cada convocatoria es una fotografía de lo que cientos de autores están imaginando al mismo tiempo.

De sus preocupaciones.

De sus obsesiones.

De sus influencias.

De las historias que sienten la necesidad de contar.

Muy pocas personas tienen el privilegio de asomarse a ese momento.

Yo sí lo he tenido.

Y no deja de sorprenderme.

 

VII. El premio nunca fueron mil libros

Cuando anunciamos el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica hubo una pregunta que apareció una y otra vez.

—¿Por qué entregar mil ejemplares?

La respuesta nunca fue económica.

Fue profundamente personal.

Los fundadores de Pura Pinche Fortaleza Cómics también comenzamos como autores independientes.

Aprendimos a escribir.

A editar.

A corregir.

A tratar con imprentas.

A cargar cajas de libros.

A montar stands.

A vender en convenciones.

A recorrer el país presentando nuestro trabajo.

Nadie nos enseñó cómo hacerlo.

Fuimos aprendiendo sobre la marcha.

A veces acertando.

Muchas otras equivocándonos.

Por eso, cuando diseñamos el Premio, quisimos que el reconocimiento no terminara con una ceremonia.

Queríamos que el verdadero premio comenzara precisamente ahí.

Los mil ejemplares nunca fueron solo libros.

Son una herramienta.

Son la posibilidad de que el campeón decida qué hacer con su propia obra.

Presentarla en ferias del libro.

Llevarla a convenciones.

Buscar librerías.

Organizar firmas de ejemplares.

Regalar algunos libros.

Vender otros.

Encontrar lectores.

Comenzar una carrera.

O consolidar la que ya había empezado.

El verdadero premio nunca ha sido publicar un libro.

El verdadero premio es hacerse responsable del destino de ese libro.

Porque eso es exactamente lo que hacemos quienes elegimos el camino de la edición independiente.

Tratamos de construir una carrera.

No de esperar a que alguien la construya por nosotros.

Y ése fue, desde el primer día, el espíritu del Premio.

No queríamos formar autores dependientes de una editorial.

Queríamos ayudar a formar autores independientes.

Autores capaces de tomar esos mil ejemplares y convertirlos en el primer paso de una trayectoria.

En el fondo, todo se resume a una idea muy sencilla.

Intentar hacerles un poco más fácil el camino que nosotros mismos tuvimos que recorrer.

VIII. Cumplir la palabra.

Hay proyectos que sobreviven gracias al dinero.

Otros sobreviven gracias al entusiasmo.

El Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica sobrevivió por una razón mucho más sencilla.

Porque cada año decidimos cumplir con nuestra palabra.

La primera gran prueba llegó mucho antes de lo que imaginábamos.

En 2020 el mundo se detuvo.

Las ferias del libro desaparecieron.

Las convenciones fueron canceladas.

Los eventos donde normalmente vendíamos nuestros libros dejaron de existir de un día para otro.

Y, como si eso no fuera suficiente, SMASH ya no pudo continuar como patrocinador del Premio después de los cambios que hubo en su administración.

De pronto nos encontramos exactamente donde nunca habíamos querido estar.

Sin eventos.

Sin patrocinador.

Y prácticamente sin ingresos.

Durante varias semanas hablamos seriamente sobre la posibilidad de suspender el concurso.

Era una decisión razonable.

Nadie nos habría reprochado esperar un año.

Todo el mundo estaba intentando entender qué estaba ocurriendo.

Pero había un problema.

Ya habíamos publicado la convocatoria.

Había autores trabajando.

Había personas que habían decidido invertir meses de su vida para participar.

Y nosotros habíamos dado nuestra palabra.

Así que hicimos lo único que podíamos hacer.

Seguir.

No fue una decisión sencilla.

Tuvimos que asumir nosotros mismos el costo de imprimir la obra ganadora.

Para una editorial independiente aquello representaba un esfuerzo enorme.

Pero nunca consideramos otra opción.

Si el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica quería convertirse en un proyecto serio, tenía que demostrarlo precisamente cuando las circunstancias invitaban a hacer lo contrario.

La obra ganadora de aquel año fue Donde migran las aves, de Millo Sketch, de Xalapa, Veracruz.

La ceremonia de premiación tuvo que realizarse de manera virtual.

No hubo escenario.

No hubo aplausos.

No hubo fotografías con decenas de personas alrededor.

Pero sí hubo libro.

Y eso era lo verdaderamente importante.

Cuando los ejemplares estuvieron listos viajamos hasta Xalapa para entregárselos personalmente.

Todavía usábamos cubrebocas.

Todavía existía esa distancia incómoda que imponía la pandemia.

Recuerdo perfectamente las ganas que todos teníamos de abrazarnos y no poder hacerlo.

No hacía falta decir demasiado.

El libro hablaba por nosotros.

Habíamos cumplido.

Un año después ocurrió algo parecido.

La novela gráfica ganadora fue Agujero Blanco, de Alba Glez, de Querétaro.

La ceremonia también fue virtual.

Cuando llegó el momento de entregar los ejemplares viajé solo hasta Querétaro.

Otra vez con cubrebocas.

Otra vez sin abrazos.

Otra vez con la satisfacción de saber que el Premio seguía cumpliendo aquello que había prometido.

Con el tiempo entendí que esos viajes no eran solamente entregas de libros.

Eran una forma de decirles a nuestros campeones que confiaban en el proyecto correcto.

Que detrás del concurso había personas dispuestas a cumplir incluso cuando hacerlo parecía poco conveniente.

Después vino Morelia.

En 2022 viajábamos rumbo a Guadalajara para la Feria Internacional del Libro.

Antes de llegar hicimos una escala en Michoacán.

Nos citamos con Heretto Dos para desayunar en un restaurante.

La entrega ocurrió en el estacionamiento.

Heretto Dos tomó por primera vez Ceniza: El vil y vulgar infierno de Shanik entre sus manos.

No recuerdo que dijera gran cosa.

No hacía falta.

La emoción se le veía en la cara.

Hay silencios que dicen mucho más que cualquier discurso.

Fue un honor contar con la paticipación de Alba Glez, ganadora de nuestro concurso en 2021 y Heretto Dos, ganador del 2022.

Con el paso de los años esas escenas comenzaron a repetirse.

Y, curiosamente, nunca ocurrían durante la ceremonia de premiación.

Siempre sucedían unos minutos antes.

O unos días antes.

En un estacionamiento.

En un stand.

En una carretera.

En una caja recién abierta.

Ahí es donde realmente sucede el Premio.

 

IX. El momento en que nace un campeón.

Después de siete ediciones he descubierto algo.

La reacción nunca es exactamente igual.

Pero siempre ocurre algo parecido.

Cöld Sinistar llegó a nuestro stand durante la FIL Guadalajara unos días antes de la ceremonia de premiación.

Miró el libro.

Abrió mucho los ojos.

Lo contempló durante varios segundos.

Estaba completamente atónito.

No dijo casi nada.

No era necesario.

Alan Street vivió algo distinto.

Alan S.treet y su novela gráfica Charla Tranquila en el Foro Rius en FIL 2023.

Lo conocimos dos años antes de que se convirtiera en campeón.

En 2021 visitó nuestro stand durante la Feria Nacional del Libro de León buscando manga y cómic europeo.

Casi por accidente terminó descubriendo todo un catálogo de cómic mexicano.

Platicamos poco.

Le hablamos del Premio.

Dos años después regresó.

Esta vez no como lector.

Sino como campeón.

Nos contó que, cuando recibió la noticia de que había ganado, todavía no alcanzaba a dimensionar lo que significaba.

Fue hasta que llegó a Guadalajara y tuvo su novela gráfica entre las manos cuando realmente entendió lo que había ocurrido.

La ceremonia de premiación en FIL 2023

Rafael Radillo tampoco podía dejar de mirar su libro.

Habíamos trabajado intensamente en una nueva portada.

Ver el resultado impreso fue emocionante para todos.

Rafael Radillo en la ceremonia de premiación FIL 2024

Darkko Castillo y Dante Navarro nos regalaron otra primera vez.

Fueron los primeros campeones en obtener el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica como equipo creativo.

Uno escribiendo.

El otro ilustrando.

Verlos sostener juntos la obra fue una imagen que difícilmente voy a olvidar.

Ceremonia FIL 2025.

He tenido el privilegio de presenciar ese momento una y otra vez.

Y siempre termino pensando exactamente lo mismo.

Lo que esos autores sostienen entre las manos no es solamente un libro.

Es el resultado de años de trabajo.

De dudas.

De desvelos.

De páginas que alguna vez existieron únicamente dentro de una computadora.

De historias que, durante mucho tiempo, solamente vivieron en su imaginación.

Hasta que un día pudieron tocarlas.

Y creo que ése es el verdadero milagro de hacer cómics.

 

X. Valió la pena

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica me ha enseñado mucho más de lo que yo esperaba enseñarle a alguien.

Cuando aquella noche de abril de 2019 lancé una pregunta en la sala de Logan Wayne, lo hice pensando en un concurso.

Pensaba en una convocatoria.

En un jurado.

En una ceremonia de premiación.

En un libro.

Nunca imaginé todo lo que vendría después.

No imaginé las casi cuatrocientas novelas gráficas que llegarían con el paso de los años.

No imaginé la diversidad de voces, de estilos, de géneros y de miradas que descubriríamos edición tras edición.

No imaginé que tendría el privilegio de leer tantas historias antes de que existieran como libros.

Y, sobre todo, no imaginé que ese proceso terminaría enseñándome tanto sobre el cómic mexicano.

Porque detrás de cada participación hay alguien que decidió creer en una historia.

Alguien que encontró tiempo para escribir después del trabajo.

Que dibujó durante las noches.

Que corrigió páginas una y otra vez.

Que volvió a empezar cuando algo no funcionaba.

Cada obra que llega al Premio representa una apuesta enorme.

Y eso merece todo mi respeto.

A veces me preguntan cuál ha sido la mayor satisfacción de organizar este concurso.

La respuesta nunca cambia.

No es la ceremonia.

No es anunciar a la obra campeona.

No es ver el Foro Rius lleno.

Es un instante mucho más pequeño.

Ver al campeón sostener su libro por primera vez.

Todavía recuerdo la mirada de Cöld Sinistar frente a su novela gráfica.

El silencio de Heretto Dos en aquel estacionamiento de Michoacán.

La emoción de Rafael Radillo contemplando una portada en la que habíamos trabajado durante semanas.

A Alan Street descubriendo que ganar el Premio significaba algo completamente distinto cuando tuvo el libro entre las manos.

A Millo Sketch y Alba Glez recibiendo sus ejemplares en plena pandemia, con un cubrebocas de por medio y la certeza de que una promesa cumplida también puede abrazar.

Cuando los campeones se encuentran. Alba Glez y Millo Sketch con sus respectivas obras ganadoras.

A Darkko Castillo y Dante Navarro sosteniendo juntos una obra que nació del trabajo de dos autores.

He visto esa escena siete veces.

Y las siete veces ha sido distinta.

Pero todas tienen algo en común.

Durante unos segundos desaparece el ruido.

Las conversaciones se detienen.

Las personas alrededor dejan de importar.

Solamente existen un autor y su libro.

Creo que todos ellos saben, en ese instante, lo difícil que es hacer cómic en México.

Y precisamente por eso ese momento pesa tanto.

Porque no están sosteniendo únicamente un objeto.

Están sosteniendo años de trabajo.

Años de disciplina.

Años de incertidumbre.

Años de insistir en contar una historia cuando nadie podía asegurarles que algún día encontraría lectores.

Tal vez por eso nunca he sentido que el Premio pertenezca realmente a Pura Pinche Fortaleza Cómics.

Nosotros solamente lo organizamos.

Quienes le dan sentido son los autores que deciden confiar en él.

Alba Glez y Alan S.treet, nuestros campeones 2021 y 2023.

Ellos son quienes lo construyen cada año.

Con cada página.

Con cada proyecto.

Con cada novela gráfica que llega firmada con un seudónimo.

Y eso también me recuerda algo que nunca hemos querido perder de vista.

El protagonista de este concurso nunca ha sido un nombre.

Siempre ha sido una obra.

Primero nace un campeón. Después conocemos su nombre.

Esa idea nos ha acompañado desde la primera convocatoria y espero que siga acompañándonos muchos años más.

Porque resume exactamente el tipo de Premio que quisimos construir.

Uno donde el talento importe más que la trayectoria.

Donde la historia pese más que la fama.

Donde una novela gráfica tenga las mismas posibilidades de ganar sin importar si detrás de ella hay un autor reconocido o alguien que nunca antes había publicado.

Esa igualdad de condiciones no es un detalle administrativo.

Es un compromiso.

Y también una forma de entender el cómic mexicano.

Con el paso de los años he comprendido que el verdadero premio nunca fueron los mil ejemplares.

Los mil libros son solamente el principio.

Lo verdaderamente valioso es lo que cada campeón decide hacer con ellos.

Hay quien comienza a recorrer ferias del libro.

Hay quien toca las puertas de librerías.

Hay quien encuentra a sus primeros lectores.

Hay quien consolida una carrera que ya venía construyendo.

Al final, cada caja de libros representa exactamente lo mismo.

Una oportunidad.

Quizá esa fue siempre nuestra intención.

No recorrer el camino por nadie.

Sino dejarlo un poco menos difícil para quienes venían detrás.

Porque nosotros también estuvimos ahí.

También cargamos cajas.

También aprendimos a prueba y error.

También recorrimos el país con nuestros libros bajo el brazo.

Y si todo lo que hemos construido desde 2019 ha servido para que aunque sea un solo autor encuentre un camino un poco más claro hacia sus lectores…

Entonces habrá valido la pena.

Muchísimo.

El cómic mexicano está vivo.

Lo he visto en casi cuatrocientas novelas gráficas.

Lo he visto en autores que decidieron autopublicarse después de no resultar campeones.

Lo he visto en lectores que descubrieron por primera vez que en México se cuentan historias extraordinarias en viñetas.

Y mientras sigan existiendo personas dispuestas a dedicar años de su vida a crear una novela gráfica, seguiremos necesitando espacios donde esas historias puedan encontrarse con sus lectores.

Porque el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica nunca ha tratado únicamente de elegir una obra.

Ha tratado de recordar, año tras año, que el cómic mexicano no necesita permiso para existir.

Necesita autores que lo hagan.

Lectores que lo acompañen.

Y una comunidad que crea en él.

Yo tengo la fortuna de formar parte de esa comunidad.

Y, después de todo este tiempo, sigo sintiendo exactamente lo mismo que aquella noche en la sala de Logan Wayne, rodeado de paquetes y cajas de libros recién salidos de la imprenta.

Valió la pena.

¡Lee cómics y hagamos que el cómic mexicano siga vivo!

Mi nombre es Héctor Santarriaga y estos fueron #MisDosMinutos.

Cronología de un sueño colectivo:

Mayo de 2018
Durante CONQUE, en Querétaro, sufrimos el robo de libros, equipo y pertenencias. Esa misma noche, durante una cena entre colegas, surgió por primera vez la conversación sobre la necesidad de crear un concurso nacional de novela gráfica independiente.

23 de abril de 2019
Rodeados de cajas recién salidas de imprenta con Niño Terror: ¡Vacaciones nunca más!, retomamos la idea en la sala de Logan Wayne y decidimos que había llegado el momento de dejar de esperar a que alguien más organizara el concurso.

Mayo de 2019
Tras una larga noche de trabajo escribimos la primera convocatoria del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica y, pocos días después, la presentamos públicamente mediante una transmisión en vivo.

2019
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara se suma al proyecto a través de Armando Montes de Santiago. El Foro Rius se convierte en la sede oficial de la ceremonia de premiación.

2019
Se celebra la primera edición del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica y queda claro que existe una comunidad de autores mucho más amplia de lo que imaginábamos.

2020
La pandemia obliga a cancelar ferias y convenciones. Sin patrocinador y con recursos limitados, decidimos mantener el compromiso con los autores y publicar la obra ganadora. La premiación se realiza de forma virtual y viajamos a Xalapa para entregar personalmente los libros a Millo Sketch.

2021–2025
El Premio continúa creciendo. Cada nueva convocatoria revela nuevas voces, nuevos estilos y nuevas regiones del país. Los libros ganadores comienzan a formar parte del panorama del cómic mexicano y el certamen se consolida como una plataforma para descubrir narrativa gráfica independiente.

2026
Tras siete ediciones y cerca de cuatrocientas novelas gráficas recibidas, el Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica se ha consolidado como uno de los espacios más importantes para el desarrollo del cómic independiente y la narrativa gráfica mexicana

Te comparto algunas imágenes, videos y links importantes:

Cöld Sinistar en el stand de Pura Pinche Fortaleza Cómics en la FIL 2019.

Heretto Dos, ganador del premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica 2022 levantando su premio en el Foro Rius.

Con los campeones Rafael Radillo y Millo Sketch en la CCXP 2025.

Con el campeón Darkko Castillo en FIL Monterrey 2025.

Con el campeón Dante Navarro en FIL Monterrey 2025.

La convocatoria de este año actualmente está vigente. Pero cada año la puedes encontrar en purapinchefortalezacomics.com/premio

Conoce a detalle las obras ganadoras de nuestro concurso.

¡Adquiere las novelas gráficas del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica!

Esta es una playlist en el canal de YouTube de Pura Pinche Fortaleza Cómics con muchos videos acerca del concurso y los ganadores del Premio Pura Pinche Fortaleza de Novela Gráfica.

Las obras ganadoras del Premio Pura Pinche Fortaleza Cómics: