Lecturas de abril 2026

Abril fue un mes muy disfrutable y bastante equilibrado: combiné manga, superhéroes, cómic mexicano y algunas lecturas en otros formatos que siguen ampliando mi experiencia como lector. Hubo descubrimientos interesantes, continuaciones que mantienen el nivel y también reencuentros con autores y obras que siguen dejando huella. Este fue el recorrido.

1. La tierra de las gemas 1, de Haruko Ichikawa, publicado en México por Distrito Manga. Una obra que me sorprendió mucho por su sensibilidad y su propuesta visual. Ichikawa construye un mundo extraño, casi etéreo, con personajes que cargan una fragilidad muy particular. Es una lectura que se siente distinta, tanto en ritmo como en tono.

2. Gachiakuta 3, de Kei Urana, publicado en México por Distrito Manga.
La serie sigue creciendo con mucha fuerza. El arte de Urana continúa siendo uno de sus mayores atractivos: dinámico, sucio y lleno de energía. Cada tomo reafirma que es una de las propuestas más interesantes del manga actual.

3. Knights of Sidonia 1, de Tsutomu Nihei, publicado en México por Panini Manga.
Regresar a Nihei siempre es una experiencia particular. Su visión de la ciencia ficción es fría, inmensa y a ratos abrumadora. Este primer volumen plantea un universo duro, con una narrativa que exige atención pero que recompensa con su escala y atmósfera.

4. Green Lantern: Dark, de Tate Brombal y Werther Dell’Edera, publicado en México por Panini Comics. Una reinterpretación interesante del universo de Green Lantern desde un ángulo más oscuro. Dell’Edera aporta una identidad visual muy marcada, que ayuda a construir una atmósfera distinta dentro de un personaje tan establecido. De lo mejor de este mes.

5. Karmatron y los Transformables, Tomo 1, de Óscar González Loyo.
Una recopilación de los primeros diez números de una obra fundamental del cómic mexicano. Más allá de la nostalgia, es interesante revisitar su propuesta, su ambición narrativa y el impacto que tuvo en toda una generación.

6. Absolute Wonder Woman, Vol. 1: The Last Amazon, de Kelly Thompson.
Sin duda, de lo mejor que he leído de la línea Absolute. Thompson entiende muy bien al personaje y logra una historia poderosa, con una Wonder Woman firme, humana y épica al mismo tiempo.

7. Rey Mysterio vs. la oscuridad, Vol. 1: Enygma, de Calavera Hermanos.
Una mezcla muy atractiva entre lucha libre y fantasía oscura. Tiene una energía muy particular, con una propuesta que conecta directamente con la identidad cultural de la lucha libre mexicana.

8. Todo Snoopy. Años 1950–1951, de Charles M. Schulz.
Volver a estas primeras tiras es encontrarse con la esencia pura de Peanuts. Hay una sencillez engañosa que esconde una gran profundidad emocional. Siempre es reconfortante regresar a este universo.

9. Teenage Mutant Ninja Turtles: The Last Ronin – Lost Years, de Kevin Eastman.
Una expansión del universo de The Last Ronin que aporta más contexto y matices a la historia original. Mantiene ese tono melancólico y oscuro que tan bien le funciona a esta versión de las Tortugas.

10. Bendita Lucha Libre. Antología de cuentos, de varios autores.
Una antología que celebra la lucha libre desde distintas miradas. Hay variedad de tonos y enfoques, lo cual la vuelve una lectura rica y muy representativa del imaginario que rodea este mundo… a mi me tocó escribir el primer cuento, y no había tenido la oportunidad de leerlos todos hasta ahora.

11. Necropolitana, de Bernardo Esquinca.
Esquinca vuelve a demostrar su habilidad para mezclar lo urbano con lo inquietante. Hay una construcción de atmósfera muy sólida, donde la ciudad se convierte en un personaje más.

12. Star Wars: Path of the Lightsaber, de Kenny Ruiz.
Una historia que expande el universo de Star Wars desde una perspectiva visual muy dinámica. Ruiz aporta mucha energía en las secuencias de acción.

13. Fantastic Four: Full Circle (Expanded Edition), de Alex Ross.
Una edición preciosa, llena de contenido adicional. Ross construye una experiencia visual impresionante, muy fiel al espíritu clásico de los Cuatro Fantásticos, pero con su sello inconfundible.

14. Balas de plata, de Élmer Mendoza.
Lo escuché en formato audiolibro. Mendoza tiene una voz muy particular dentro de la novela negra mexicana, y el formato ayuda a sumergirse en el ritmo de su narrativa.

15. The Bat-Man: First Knight, de Dan Jurgens.
Una aproximación interesante al origen del personaje, con un enfoque que recupera cierta esencia clásica. Es una lectura que dialoga bien con la tradición del personaje.

16. Muerta en vida, de Samanta R. Batllori.
Una obra con una carga emocional fuerte, que explora temas complejos desde una perspectiva íntima. Tiene momentos que resuenan más allá de la lectura.

17. Batman, con arte de John Van Fleet, escrito por Chuck Dixon y Ann Nocenti.
Una combinación interesante de talentos. El arte de Van Fleet aporta una identidad muy particular, que se aleja de lo convencional dentro del universo de Batman.

18. La senda de los avatares 1, de Leonel Díaz.
Una propuesta que apunta hacia la fantasía con identidad propia. Se percibe una construcción de mundo en desarrollo que puede crecer hacia algo muy interesante.

Abril fue un mes que me permitió moverme entre distintos tonos, géneros y formatos sin perder el hilo del disfrute. Desde la introspección del manga hasta la fuerza visual del cómic, pasando por la presencia constante de la narrativa mexicana, fue un recordatorio de lo amplio y diverso que puede ser el panorama de la lectura. Cada obra, a su manera, dejó algo: una imagen, una idea o simplemente las ganas de seguir pasando páginas.

Palacios en el Cielo; un falso documental steampunk

¿Es Palacios en el Cielo un falso documental steampunk? ¿Y qué demonios tienen que ver el apocalipsis zombi y Batman con mi nueva novela gráfica?

He contado aquí, a grandes rasgos, de qué va Palacios en el Cielo: una novela gráfica steampunk ambientada en la Revolución Mexicana, una obra que ya superó las 300 páginas y que estoy escribiendo y dibujando completamente yo. Sí, suena a locura. Lo es. Y justo por eso sigo.

El inundado valle de México y la Ciudad de los palacios flotando en el cielo.

Esta historia nace de un cómic corto que publiqué en Dictadura de Vapor, una antología steampunk situada en el periodo histórico conocido como el Porfiriato. Después vino un intento más ambicioso: Palacios en el Cielo: Corazón. Ese proyecto no vio la luz. Se quedó en pausa, archivado, respirando lento. Pero la semilla ya estaba ahí, esperando el momento correcto para romper el suelo.

I. ¿Por qué un falso documental steampunk?

Alrededor de 2021 me topé, casi por accidente, con una serie de videos en YouTube que me dejaron clavado. Eran parte de un falso documental inspirado en el libro Gotham: 1919–1939, de Russall S. Beattie y publicado por Giant Panda King. La premisa es brutal: ¿qué habría pasado si Batman hubiera existido de verdad entre 1919 y 1939 en Estados Unidos?

La portada del libro Gotham 1919-1939

Lo que me atrapó no fue solo la idea —que ya es potente—, sino la ejecución. Esa estética retrofuturista, ese cuidado por el detalle, esa manera de tomar algo que todos conocemos y bajarlo a tierra, hacerlo tangible, incómodo, casi creíble. No era un fan art bonito: era una grieta en la realidad.

Recorrer esa Gotham era como caminar por un archivo vivo. No solo ves la ciudad: la sientes. Hay tensión, hay historia, hay heridas. Y eso me hizo ruido en la cabeza. Del bueno.

Tanto el libro como estos videos proponen una idea fascinante: imaginar cómo habría impactado histórica y culturalmente la figura de Batman si realmente hubiera existido en los Estados Unidos entre 1919 y 1939. Lo que más me llamó la atención fue la manera en que esta obra logra sentirse tan cercana y, al mismo tiempo, tan inquietante.

Los interiores del libro

A través de una estética retrofuturista muy cuidada, nos presenta rostros familiares y reinterpreta historias que muchos conocemos por los cómics, las series animadas y las películas, pero desde una perspectiva completamente distinta, más humana y, en cierto modo, más tangible. Es como si de pronto ese universo ficticio se filtrara en nuestra propia historia. Recorrer Gotham en este contexto se vuelve una experiencia profundamente inmersiva.

 

No solo observamos la ciudad, sino que casi podemos sentir su atmósfera: sus tensiones, sus sombras, su historia viva latiendo en cada rincón. Como espectadores, nos invita a mirar más de cerca, a cuestionarnos qué habría significado realmente la presencia de un personaje como Batman en un mundo marcado por conflictos, cambios sociales y momentos decisivos. Las imágenes, además, son simplemente impresionantes. Hay un nivel de detalle y dedicación que transmite una enorme pasión por el proyecto, y el libro en sí mismo se percibe como una pieza visualmente poderosa, de esas que no solo se leen, sino que se contemplan y se sienten.

Ahí fue donde algo hizo clic.

Había algo en ese libro que me atrajo mucho y que me hizo pensar nuevamente en Palacios en el Cielo.

Porque el formato de falso documental (mockumentary) siempre me ha interesado: permite construir verdades parciales, versiones contradictorias, testimonios que no encajan del todo… y justo ahí, en esa fricción, aparece algo más cercano a lo real.

Entonces recordé otro libro que leí hace unos años y me marcó: Guerra Mundial Z, de Max Brooks.

Si viste la película de 2013, olvídala. No tiene nada que ver.

El libro es otra cosa. Está construido como una serie de entrevistas: testimonios recopilados después de una guerra global contra una plaga zombi. Cada voz cuenta una parte del desastre. Ninguna tiene la verdad completa. Algunas se contradicen. Otras mienten. Y el lector tiene que armar el rompecabezas.

A través de estas voces, se revive una larga década de lucha angustiante, tal como la experimentaron personas de distintas partes del mundo. Cada relato no solo comparte vivencias personales, sino que también refleja los profundos cambios políticos, religiosos y medioambientales que marcaron ese periodo, mostrando cómo la humanidad intentó adaptarse, resistir y reconstruirse.

Eso me voló la cabeza.

Porque ahí entendí algo: no necesitas mostrarlo todo. A veces basta con escuchar a quienes sobrevivieron.

II. La decisión: contar desde las grietas

Ahí fue cuando lo decidí.

Palacios en el Cielo no iba a ser una historia tradicional. Iba a ser un falso documental steampunk, contado a través de entrevistas. No desde los héroes. No desde los grandes nombres. Desde la gente de a pie. Desde los que estuvieron ahí y salieron… más o menos vivos.

Porque esa es la pregunta que realmente me interesa:

¿Qué pasa con quienes no salen en los libros de historia?

El mundo que planteé ya lo tenía desde antes:

Hace 16 años, la Ciudad de México colapsó.
Se hundió. O la hundieron.

Hay versiones: una falla en el drenaje, perforaciones petroleras, un atentado fallido contra Porfirio Díaz… o algo mucho más perverso: una acción deliberada del propio régimen para elevar la ciudad y convertirla en una fortaleza flotante.

Arriba, el poder.
Abajo, el país que se desmorona.

Una ciudad amurallada en el cielo, sostenida por tecnología imposible. Símbolo de progreso… o de control absoluto.

Y entonces empecé a hacerme preguntas:

¿Cómo vivió eso la gente común?
¿Qué cuenta alguien que perdió todo?
¿Qué cree alguien profundamente religioso?
¿Qué inventa alguien para sobrevivir?

Porque sí: me interesa que haya versiones sesgadas. Me interesa que haya contradicciones. Me interesa que algunos personajes mientan.

La verdad absoluta es aburrida.
La memoria, en cambio, está llena de grietas.

III. Rosalía Salvatierra: la voz que ordena el caos

Con esa estructura clara, necesitaba un eje. Una voz que conectara todo sin domesticarlo.

Así nació Rosalía Salvatierra.

Una reportera que vivió el Porfiriato durante su infancia en carne propia y que ahora, años después, se dedica a recopilar testimonios. No para limpiar la historia, sino para exponerla. Para dejarla abierta, incómoda, viva.

El nombre no es nuevo.

Lo tomé de un personaje que creé en 2013 para Siderales, un proyecto de microrelatos sobre colonización espacial y terraformación. En ese entonces, Salvatierra era parte de un grupo de terraformadores sin escrúpulos. Me gustaba la ironía del apellido.

Así lucía Rosalía Salvatierra en su etapa terraformadora en 2013.

Ahora, esa ironía se queda… pero el peso es otro.

Esta Rosalía carga cicatrices. No es una observadora neutral. Es parte de lo que está documentando. Y eso lo cambia todo.

Rosalía Salvatierra

En ella descansa buena parte del pulso de este falso documental steampunk que es Palacios en el Cielo. Un personaje fuerte, sí, pero también fracturado. Como el mundo que intenta entender.

Y curiosamente, cuando encontré su voz… todo empezó a fluir.

Una de las páginas de mi nueva novela gráfica.

He estado usando este espacio para compartir avances reales: lo que funciona, lo que no, lo que duele, lo que emociona. Porque hacer una novela gráfica ambientada en la Revolución Mexicana a modo de falso documental steampunk es mucho más que dibujar páginas. Es sostener una idea durante años sin soltarla, incluso cuando parece que no va a ningún lado.

Si te interesa ver cómo se construye algo así, desde adentro, sin maquillaje… este es el lugar.

Nos leemos pronto.

Resistir es existir.

— Héctor Santarriaga
Abril 2026

Una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana

Una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana.

Después del pequeño —pero ruidoso— éxito de la antología Dictadura de Vapor, me quedé con una sensación muy clara: esto apenas estaba empezando. Y sí, lo que vino después fue meterme de lleno en otro proyecto steampunk, pero esta vez con más ambición, más riesgo… y definitivamente más terquedad.

Hace ya diez años, en 2016, mi buen amigo Abraham Martínez, mejor conocido como Cuervoscuro, tuvo la idea de armar una antología de cómics steampunk ambientados en el Porfiriato. Me invitó a participar escribiendo un guión de unas 8 páginas. El proyecto se llamó Dictadura de Vapor. Antología steampunk del Porfiriato.

Éramos 10 autores. La lógica era simple y brutalmente honesta: autopublicar, dividir el costo de impresión entre todos y repartir los 1000 ejemplares en partes iguales. Cien libros por cabeza. Sin intermediarios, sin permisos, sin pedirle nada a nadie.

A mí me pareció una gran idea. No solo por la velocidad con la que podíamos levantar algo potente, sino porque yo siempre he creído en la autopublicación. No como discurso bonito, sino como práctica constante. Toda mi carrera está construida así: haciéndolo, equivocándome, volviéndolo a hacer. Autopublicándome.

Además, había algo estratégico: cada autor estaba en una parte distinta del país. Eso significaba una red de distribución orgánica, casi artesanal. Cada quien movía sus libros donde podía, como podía. Así, sin glamour, pero con resultados.

El proyecto avanzó bien bajo la batuta de Abraham, aunque no sin tropiezos. El portadista original abandonó el barco a medio camino —porque claro, siempre pasa algo—, y después de ponernos de acuerdo, mi amigo Tebin entró al quite y resolvió la portada que hoy todos conocen. Y sí, la resolvió con estilo.

Publicamos la obra en octubre de 2016. En seguida de eso, Tebin se integró formalmente a Nostromo Ediciones.

Lanzamos el libro en la Feria del Libro del Zócalo 2016 y, como Nostromo Ediciones tenía a tres de los autores dentro del proyecto, terminamos con 300 ejemplares en nuestras manos. ¿Qué pasó con esos libros? Se fueron. Rápido. Muy rápido.

Para 2017 ya era evidente: Dictadura de Vapor había conectado. La recepción fue mucho mejor de lo que esperábamos. Algunos autores nos mandaron sus ejemplares para ayudarles a venderlos, a otros se los compramos directamente, y entre una cosa y otra, terminamos moviendo casi la mitad del tiraje.

Pero lo más importante no fueron las ventas.

Fueron las preguntas.

La gente quería más.
Y en particular, querían saber más de Palacios en el Cielo.

Ahí empezó el problema.

Porque en ese momento yo ya estaba metido hasta el cuello en otros proyectos: Sueños rotos: Sofía y Cuervo eléctrico… y la realidad es que no podía abrir otro frente. No sin romper algo.

Pero la idea ya estaba sembrada.

Y cuando una idea así se queda contigo, no se va. Se transforma. Crece. Se vuelve incómoda.

Así que hablé con Tebin. Le propuse algo: hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana, más corta, más contenida, pero ubicada en ese mismo universo. En ese momento dijo que sí.

Y entonces me puse a escribir.

El proyecto se llamó Palacios en el Cielo: Corazón.

Sí, el nombre ya lo decía todo: quería hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana. No solo en el contexto histórico, sino en lo emocional, en lo humano, en lo que se rompe cuando todo alrededor está a punto de colapsar.

La cuadrícula general del proyecto.

La historia giraba en torno a Renata y su hermano, contrabandistas, llevando la pieza clave para derribar la ciudad flotante. Afuera, los ejércitos de Villa y Zapata sitiaban la ciudad. Adentro, una operación secreta para activar un gólem mecánico en el corazón del sistema.

Una locura hermosa.

Aquí está el draft original que le compartí a Tebin:

Acto I
Se presenta el contexto general: se aborda la dictadura, el inicio de la Revolución y cómo la batalla final está a punto de ocurrir en la Ciudad de los Palacios.
Renata viaja en tren junto a su hermano. Ambos son contrabandistas y transportan la pieza final necesaria para derribar la ciudad. Al llegar a la última estación, abordarán un dirigible que los llevará al interior de la ciudad. Durante el trayecto, Renata recuerda su vida antes de la Revolución y los acuerdos que su padre hizo tanto con los revolucionarios como con el gobierno federal para mantener a su familia a salvo.

Acto II
Renata llega a la ciudad en el dirigible. Todo es un caos: va tarde, pero debe alcanzar el punto de encuentro, una fuente ubicada en el centro, donde se reunirá con su novio, Chucho, un ingeniero que ha estado preparando todo para activar al gólem. Renata trae consigo la pieza final. El gólem está siendo ensamblado en una casa de la familia de Renata, también en el centro. Hay un ambiente de gran tensión; varios revolucionarios infiltrados brindan su apoyo y serán clave para ejecutar el plan de destrucción de la ciudad.
Este acto concluye con el despertar del gólem.

Acto III
El gólem despierta y queda libre. Su objetivo es dirigirse a una oficina que da acceso a la zona subterránea de máquinas, con el fin de destruirla y provocar el colapso de la ciudad. Al inicio, será escoltado por los revolucionarios que acompañan a Chucho y Renata. La ciudad comienza a perder altura y, desde las orillas del lago, se lanzan arpones para arrastrarla hacia tierra firme, donde los revolucionarios iniciarán el abordaje, tanto a caballo como a bordo de máquinas tipo “araña”.
Finalmente, Ray y Renata se reencuentran, y a lo lejos alcanzan a ver cómo Díaz escapa en un dirigible.

El draft original y su desarrollo general.

Además de este draft, hice el desarrollo de los actos en las 43 páginas de arte que conformarían este proyecto, sin embargo, por cuestiones de la apretada agenda que teníamos en ese momento no logramos avanzar más este proyecto. Las ideas ahí estaban pero no logramos hacer los tiempos coincidir. Decidimos pausarlo y trabajar en algo mucho más ligero.

Había dirigibles, trenes, conspiraciones, máquinas imposibles… pero en el centro de todo, personas tratando de sobrevivir y de decidir de qué lado de la historia querían estar.

Eso era lo importante.

Eso sigue siendo lo importante.

Desarrollé el guión, estructuré los actos, hice thumbnails, bajé todo a páginas. El proyecto estaba listo para arrancar. Pero la realidad —esa vieja conocida— se atravesó. Las agendas no coincidieron. El tiempo no alcanzó. Y lo que parecía inevitable, se detuvo.

Lo pausamos.

Y luego… se quedó en pausa demasiado tiempo.

Durante años, esa novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana no latió. Se quedó ahí, congelada en archivos, en carpetas, en “luego lo retomamos”.

Y sí, pasa. A todos nos pasa. Tener ideas no es el problema. Todo el mundo tiene ideas. Lo difícil es sostenerlas el tiempo suficiente como para convertirlas en algo real.

Los cómics no viven de intenciones.

Viven de trabajo.

Años después, encontré la forma de volver. Pero ya no era el mismo proyecto. Ya no podía serlo. Había crecido demasiado.

Hoy, Palacios en el Cielo es otra cosa. Esa novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana que me ha tomado años construir, ya supera las 300 páginas y está escrita y dibujada completamente por mi.

Y ahora sí: voy en serio.

La meta es clara: publicarla este año y llevarla a la Feria del Libro de Guadalajara.

No como promesa. Como realidad.

Voy a usar este espacio para compartir avances reales: lo que funciona, lo que no, lo que duele, lo que emociona. Porque hacer una novela gráfica con corazón en la Revolución Mexicana no es solo sentarse a dibujar. Es sostener una idea durante años sin soltarla, incluso cuando parece que no va a ningún lado.

Si te interesa ver cómo se construye algo así, desde adentro, sin maquillaje… este es el lugar.

Nos leemos pronto.

Resistir es existir.

— Héctor Santarriaga
Abril 2026